La historia del cine viene de la mano con algunos de los casos mas geniales en sus campañas de difusión y propaganda comercial. En esta serie de artículos dedicados a el marketing en el cine, analizamos a un indiscutible genio del séptimo arte y una de sus más emblemáticas películas.

Psycho

¡Quién no escuchado hablar del maestro del suspenso Alfred Hitchcock! Este hombre, además de dirigir lo que al día de hoy es una de las mas grandes piezas de la cinematografía mundial, Psicosis, ideó una campaña publicitaria alrededor de esta que terminó por convertir un film de bajo presupuesto, en todo un fenómeno taquillero.

Las vicisitudes que rodearon la producción fueron tales que el mismo Hitchcock decidió a final de cuentas producir de su propia bolsa este film, empleando a su equipo de trabajo de la serie “Alfred Hitchcock presenta…”, quienes no tenían experiencia en rodajes de largometrajes.

El film está en formato blanco y negro de 35mm con angulares de 50mm con la intención de que los planos simularan lo mas posible el ojo humano, pues la intensión del director era colocar al espectador como testigo de los sucesos.

A la gran productora Paramount, que huelga decir, se negó rotundamente a arriesgar capital en la producción de este film, sólo le solicitó la logística en la distribución de las copias comerciales en los cines.

Paramount evidentemente accedió, pues no arriesgaba capital de la empresa en lo que ellos consideraban un experimento fílmico de fracaso comercial.

El reparto se compuso de actores poco conocidos por aquel entonces, pero destacaba la actriz Janet Leigh que por finales de la década de los 50 gozaba de mucha popularidad y el mismo Alfred se encargó de convencerla, cobrando bastante menos de lo que ella acostumbraba por lo castigado del presupuesto, a participar en la producción.

Hábilmente Hitchcock, en las primeras tiradas de la propaganda de la película, Colocaba de forma destacada el nombre de Janet, con la intención de llamar la atención de sus fans y explotar su comercialización. Nadie se imaginaba que (spoiler alert) la “protagonista” moría a los 48 minutos del rodaje faltando aún mas de una hora de film en la que al día de hoy es una de las mejores escenas del cine mundial.

Otra estrategia fue la de comprar todas las copias de la novela de Robert Bloch de las librerías locales para que nadie se enterara entonces de que iba la trama. Aunque ello fuera un tanto innecesario, ya que la trama cinematográfica se desvía notablemente del cuento. Suponemos entonces que se trataba mas bien de alguna de las tantas excentricidades de este hombre o parte de su campaña de expectación local.

Así mismo se atrevió, dicen sus biógrafos, a pactar con los actores y el equipo de producción a no revelar nada de dicha trama, para según él, mantener el misterio del giro final.

Otra excentricidad, propia del genio de Hitchcock, fue la de colocar una silla con el nombre de la Sra Bates, que por supuesto, siempre permaneció vacía, pero comunicaba esa atmósfera de misterio que se contagio entre todos en el set de filmación. Muchos supusieron que en cualquier momento aparecería alguna misteriosa actriz, quien sería la responsable de encarnar a la infame madre el psicópata.

El montaje final vio la luz en abril de 1960, pero al director no le terminó de gustar, pues aún faltaba la banda sonora. Dicha banda sonora fue encargada a Bernard Hermann, que terminó por darle el toque final y completar la obra maestra… pero esa esa parte de otra historia de la que nuestros amigos de Genesys music nos pueden platicar mejor.

En la difusión de la película Hitchcock se encargó de generar una atmosfera de misterio y morbo bañado en su característico humor negro e inteligente.

Una estrategia que le rindió grandes frutos, fue la de exigir a los cines que la proyectaban, no permitirle la entrada a ninguna persona después de comenzada la proyección. Dos intenciones eran claras en esta estrategia: la de evitar que el público perdiera concentración al tener que moverse en sus asientos por aquellos que llegaban tarde y para acrecentar el misterio sobre la trama para aquellos que se quedaban esperando a la siguiente función.

A manera de broma de humor negro, tan característico del director, en varios cines hubo un cartel del mismo Alfred sosteniendo una pancarta en donde aclaraba que el personal del cine estaba amenazado de muerte si dejaba acceder a cualquiera fuera de los horarios establecidos para las funciones. ¡Una perfecta estrategia de ventas!

Por supuesto que pasados dos días de esta estrategia, los cines se llenaron de largas filas de personas que querían saber de que iba todo este asunto… Y lo demás es historia.